NAVALENO 2018

CRONICAS DEL VIAJE

El pasado viernes 10 de agosto 24 jóvenes profesionales de más de cinco ciudades españolas, huimos del calorazo estival para adentrarnos en la sierra de Soria, concretamente en Navaleno, un pequeño pueblo en el corazón de un paraje espectacular.

La familia Bautista nos abrió las puertas de su casa para celebrar juntos una misa presidida por Don Arturo y disfrutar de la Hora Santa en uno de los paisajes más bonitos en los que hemos podido rezar: entre pinos, flores silvestres, aire puro y un altar cuidado y preparado con muchísimo cariño.

Esta escapada se ha caracterizado por ser un grupo heterogéneo, vivo, inquieto, auténtico que, en nombre de Cristo, ha sabido disfrutar de cada momento: bbq en casa de los “Bauti”, excursión por los Picos de Urbión hasta la Laguna Negra, misas, Horas Santas y Revolcadero, paellada al estilo “Chema Bautista”, verbena del pueblo, comida en el club náutico y bañito en el pantano como broche de oro a un fin de semana inolvidable.

Si bien han sido solo dos días y medio de escapada, ha dado tiempo a compartir experiencias de vida, preocupaciones, alegrías y muchas intenciones. Podemos decir que ha habido un clima humano: cada uno siendo uno mismo, ha sido querido por quien es. Hemos experimentado el regalo de confiar en que Dios nos quiere cuidar, querer y mirar a través de cada una de las personas que han hecho realidad esta escapada Hakuna.

Creemos que gracias al Jefe hemos llenado de Dios Navaleno y esa es una de las mayores satisfacciones, ver como las familias y ancianos de este pueblo nos recibían con lágrimas en los ojos como si pudieran sentir nuestro cariño y nuestro deseo de amarlos como nosotros nos sentimos amados. Hemos sentido intimidad, confianza y una paz que viene de Otro.

Sin duda, hemos cargado pilas sabiéndonos muy queridos y muy abrazados por Alguien que siempre está detrás de todo y que nos hace grandes a pesar de nuestra pequeñez.

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CUANDO ES DIOS QUIEN NOS UNE

 

Llevo un 2018 en el que me está pasando de todo, tanto cosas que afectan a mi salud como a mi estado de ánimo. Está siendo un año muy duro pero ahora poco a poco con perspectiva, veo que el Señor también me está regalando oportunidades para acercarme más a Él y empezar a disfrutar de la vida de verdad, dejar de vivir en blanco y negro y empezar a descubrir que la vida también tiene colores, y que son maravillosos. Y uno de esos regalos ha sido la escapada a Navaleno con Hakuna.
 
Me entero de la escapada casi por casualidad (que ahora veo que no fue casualidad), ¿voy o no voy? Es que no conozco a nadie, voy a ser el acoplado, me da vergüenza, qué pinto yo ahí, pero…. ¿voy?. Al final me lanzo, me fío del Señor y digo, ¡allá vamos!, que sea lo que Dios quiera. Hago la transferencia y ya no hay vuelta atrás, ¡ya está hecho!
 
Lo primero que veo es que me meten en un chat de whatsapp donde toda la gente es súper amable cuando escribo, y hasta me llama uno de ellos para llevarme en coche, ayudándome en todo y siendo 100% servicial. ¡Qué maravilla! Pero los nervios siguen por dentro. Llega el día, llegamos de viaje a la casa donde nos acoge la familia de una de las organizadoras y ahí es cuando me bajo del coche y me empieza a entrar el canguelo otra vez. ¡Dios mío! Casi todos se conocen……menos yo….
 
Pero el Señor sigue ahí conmigo. Todos me saludan encantadores, haciéndome sentir súper acogido. La casa es maravillosa, la familia se vuelca en atenciones, y celebramos en el jardín una de las Misas más bonitas a las que he asistido, junto con una Hora Santa. Siempre he sido de rezar en una Iglesia, que es donde mejor me recojo, pero de nuevo sale el Señor, y empiezo a verle en la naturaleza, en el jardín, con toda la gente que ha ido a la escapada.
 
Noto cómo en la Misa y en la Hora Santa me relajo un poco más, es el Señor claro está, y me siento más unido a ese grupo de gente que hasta hace unas horas sólo conocía por whatsapp. Les veo alegres, contentos, felices, disfrutando al máximo, dándolo todo en las canciones de Misa, y pienso….qué envidia, qué maravilla de gente, yo quiero ser como ellos. Y desde ese momento, toda la escapada ha sido maravillosa. Como un regalo.
 
Al día siguiente, hacemos una excursión a la Laguna Negra y al pico de Urbión. Todos me ayudan, todos me sonríen, me tratan como uno más, como si me conocieran desde siempre. Me siento a gusto y voy descubriendo que esta gente merece mucho la pena, Hakuna merece mucho la pena.
 
En el Revolcadero que tenemos el domingo, uno de los temas que se tratan es el de la comunidad, vivir nuestra Fe en comunidad. Y me pongo a pensar…..qué razón tienen, qué necesario es vivir la Fe en grupo, con gente, compartirla, tener ejemplos, gente que te apoye y te sostenga cuando estés más débil…..para mí, todos ellos han sido un ejemplo, personas que ha puesto el Señor en mi vida para sostenerme.
 
Les veo y pienso, esto es lo que quiero, me maravilla ver a personas como yo, que creen en Dios, que hablan de ello con naturalidad, sin respetos humanos. Y vuelvo a pensar en lo hablado sobre la comunidad….qué duro es vivir en los ambientes de trabajo, estudio, etc. donde vivimos, que casi tendemos a escondernos y a callarnos……
 
Pero en Hakuna no, no nos callamos. En este fin de semana he crecido mucho espiritualmente, gracias al Señor y a todas estas personas que Él ha puesto en mi camino, personas maravillosas, de las que tengo mucho que aprender y que en todo momento, repito, en todo momento, me han hecho sentir como uno más desde el principio.
 
Y ahora estoy de vuelta, en el trabajo, echando de menos a todos, y la experiencia vivida con Hakuna en Navaleno, deseando poder volver a verles, y compartir con ellos muchas más Misas y muchas más Horas Santas. Porque el Señor une, y los lazos de la Fe, son lazos que permanecen, que no son de este mundo; y la comunión en Dios es lo más importante. Y eso me lo ha enseñado el Señor, gracias a Hakuna, que me ha regalado un fin de semana de COMUNIÓN EN DIOS con mayúsuculas.
 
Gracias de corazón.

DESCONOCIDOS QUE SE VUELVEN FAMILIA

 

Los planes con Hakuna no defraudan, así es que no dudé en apuntarme a Navaleno. Un finde que empezó de la mejor manera posible: una Hora Santa. Y es que cómo cambia todo cuando Él es el centro de la escapada. Aprovecho para dar las gracias a la familia Bautista por abrirnos las puertas de su casa desde el primer momento y acogernos con tanto cariño. Ahora que ya llevo dos días de vuelta a la rutina pienso en la intensidad del fin de semana. Y no solo por los planes caracterizados por el Espíritu Hakuna, es decir, su subida a la montaña para disfrutar de las vistas merecidas por el esfuerzo en subir a los Picos de Urbión con guitarra a cuestas, y sus copas, sino por la gente, esas personas que un primer momento fueron un sinfín de números de teléfono desconocidos en un grupo de Whatsapp, que en tan solo dos días se vuelven FAMILIA. Gracias a las que lo habéis organizado por mostrarnos con cada detalle el significado de ser necesariamente disfrutones.

SIMPLEMENTE GRACIAS

 

Buenos días Jesús. Hoy me siento a escribir para darte las gracias. Este fin de semana hemos estado en Navaleno, un pueblo de Soria, y ha sido una experiencia maravillosa. Normalmente me acuerdo de dar las gracias a las personas, pero me olvido de pararme y darte las gracias a ti, que eres quién realmente hace todo posible y quién pone en nuestro corazón la disposición a vivirlo y a cuidar del otro.
 
En primer lugar darte las gracias por esta familia que nos acogió en su pueblo y en su casa, que puso su tiempo, su cariño y dedicación para que estuviéramos lo mejor posible.
Tuvimos la posibilidad de celebrar la hora santa allí en su casa. Verte en aquella mesa, preparada con tanto esmero con flores silvestres, y de fondo poder tener un paisaje increíble de árboles altos, estar allí en medio del bosque contemplándote, me hacía poder estar más cerca de ti, rodeada de esa belleza que Dios pone en la Creación. Cenamos con ellos allí en su casa dos días y nada más llegar tenían todo preparado para nosotros, y seguían haciendo cosas para que todo estuviera lo mejor posible, y ¿lo mejor? siempre, con una sonrisa, de oreja a oreja.
 
Quiero darte gracias por las personas de las que te has servido para que saliera todo esto. El tiempo y el esfuerzo que han puesto en que todo fuera lo mejor posible y estuviera bien organizado. Que nada más llegar tuviéramos unas casas increíbles para quedarnos, que ya estuviera allí el desayuno del día siguiente, las cosas para los bocadillos, el agua para la montaña... todo pensado.
 
Gracias por todo lo que hemos podido hacer. Subir la montaña, de nuevo viéndote en la naturaleza, en esos paisajes que solo podían ser capturados a la perfección por nuestra retina, porque eran tan increíbles que ni los mejores móviles les hacían justicia en las fotos. Bañarnos en el río o en el pantano, bailar, cantar y disfrutar de todo como hace tiempo que no hacía.
 
Gracias por las personas que he conocido.
Por esas personas con las que apenas he hablado, pero que me han enseñado lo que es estar alegre y transmitir esa alegría a los demás.
Por esas personas que me has presentado y que aunque no vayan a estar en mi día a día han sido importantes este fin de semana.
Y por aquellas que me has presentado para que se queden en mi vida, o por las que ya conocía y gracias a este finde he conocido más, gracias por este regalo.
 
Gracias también por las personas que me han enseñado con su forma de tratar a los demás que no hay que juzgar por nada a nadie.
 
Por esas personas que me han sorprendido con su capacidad de servicio: las que dejaban el sitio constantemente, las que preguntaban a los demás qué queréis de beber y lo traían cual camareros experimentados, los que se ofrecían para llevar en coche a destiempo a quien lo necesitaba, los que recogían y ayudaban de manera exhaustiva aunque no fuera “su turno” en la organización, los que ofrecían todo lo que tenían sin reparos: agua, comida, medicinas... estando pendientes de los demás, los que se sentaban a traducir a Ben, para que fuera partícipe de todo, los que se ofrecían a cargar con la mochila de otro, llevar la guitarra o las bolsas, los que en la montaña cambiaban su ritmo para ir al del que no podía más, o los que volvían a “rescatar” a los que se quedaban atrás, para ver si todo iba bien.
 
Gracias también por esas personas con las que me has regalado el poder hablar y profundizar sobre Ti, porque a través de ellas me has tocado el corazón, me has dado una palabra que necesitaba.
 
Por esas personas que trataban a los que no conocían con la misma apertura y cariño con la que se trata a la persona que te presenta tu mejor amigo. Y es que en realidad es un poco así, porque como se dijo, en este viaje los que estábamos éramos los que Tú querías que estuviéramos, y por algo sería.
 
Y no se me olvida, gracias Jesús por todos esos ratitos contigo. Por poder tener a nuestra disposición sacerdotes que nos daban una palabra para tenerte más cerca, por las misas, por poder contemplarte en las horas santas, por las canciones que te dedicábamos...por esos ratitos de paz delante de ti.
 
Gracias por el revolcadero... parece mentira pero era justo el tema que necesitaba en este momento. Gracias porque a través de las palabras de los demás me estabas hablando, te volví a sentir cerca, tocándome.
 
Tengo la sensación de que no soy la misma persona que fue el viernes a Soria. Solo han sido un par de días, pero vuelvo diferente: con ganas de tenerte más presente todos los días, con maneras diferentes de encontrarte, con una esperanza que me hace sentirme menos perdida.
También vengo con ganas de tratar bien a los demás, aunque ahora de vuelta en casa pierda la paciencia a veces, has puesto en mí el deseo de mejorar, de dar lo mejor de mí al otro, aunque no sea lo que me sale de manera natural.
 
Gracias por este fin de semana que ha sido un regalo, y ayúdanos porque ahora los frutos de todo esto dependen de nosotros, y sin Ti, no es posible.